Spanish Pundit (II)

noviembre 15, 2008

La intolerancia contra los intolerantes – la dictadura de las ideologías

Filed under: blogosfera,España,Europa,Islamismo,liberalismo,reflections — Nora @ 7:13 am
Post dedicado a Luis, con cariño.
War is upon you, whether you like it or not. Aragorn a Theoden, Rey de Rohan, una vez que conocen que Saruman está organizando un ejército para aplastar al mundo de los hombres. Las Dos Torres, El Señor de los Anillos. 
Cuando empecé a bloguear hace cuatro años, lo primero y casi lo único que leía era la blogosfera liberal, esto es, Red Liberal. Me parecían todos personas con un valor inmenso, una especie de esforzados titanes luchando por la libertad. Incluso la época que blogueaba sólo en inglés, seguí leyendo RL. Lamentablemente todo empezó a cambiar cuando los bloggers empezaron a discutir sobre si el liberalismo implicaba minarquismo o anarquismo. Por una simple mirada a la realidad, no puedo ser anarcocapitalista, a pesar de que parece que últimamente está de moda: el más fuerte querrá el poder y obligará al débil a obedecerle. Es decir, lo que generará en última instancia es una dictadura del fuerte frente a los débiles. Lo estamos viendo en Somalia, paraíso ancap por excelencia, donde los islamistas cada día conquistan una nueva ciudad e imponen la Ley Sharia. Nos puede gustar más o menos pero es lo que hay.
Sin embargo, con independencia de ello, es una discusión en la que no puedo tomar partido porque no soy liberal. Entiendo que la libertad es importante pero no es lo único importante. Existen otros valores (justicia, responsabilidad, paz,…) y cualquiera de ellos deben en su momento limitar la libertad, no porque esta sea menos importante, si no porque se vive en sociedad. No somos excrecencias que surgen de la tierra de forma espontánea y el vivir en sociedad tiene un precio. Ese precio es tolerar (que no respetar) a los demás, esto es, se debe considerar que existen pero sin que eso modifique nuestra conducta más que en lo que les pueda afectar y no estén obligados a tolelarla a su vez (i.e. no puedo matar a alguien porque me apetezca, porque sería causar un daño a otro que no está obligado a soportar, aparte de las responsabilidades que eso generaría por vivir en sociedad: los derechos sólo se adquieren por ser el hombre un ser social, porque existen relaciones entre las personas dentro de una sociedad). Otra cosa es que haya que respetar a los derechos y a la dignidad que tiene cada persona, pero sólo en cuanto que forma parte de la sociedad. Si cada uno viviéramos aislados, no existirían los derechos.
Sólo algunas de esas personas, además, se merecen respeto*: aquellos que, por su humanidad, inteligencia, coherencia, honradez, madurez y generosidad, se considera que aportan a esa sociedad (o al menos, a la sociedad que les rodea) más de lo que esa sociedad les da y se constituyen en ejemplos para los demás. El ser Católico lo único que determina es la fe, los dogmas en los que se cree, exactamente igual que el ser hijo de Dios, sólo implica que se es hijo de Dios: porque lo es tanto Bin Laden, como la Madre Teresa de Calcuta. Y creo que la última sí merece respeto mientras que el primero no. Esto es, no da respeto a la persona el sólo hecho de serlo, si no que el respeto hay que saber ganárselo.
Y es precisamente eso de lo que se trata: veo que se incide mucho en la libertad, sin incidir nunca en la responsabilidad del individuo por vivir en sociedad. Se parece a los fumadores que comienzan a fumar en un sitio público sin preguntar primero si te molesta pero luego se quejan (y no dejan de fumar) a pesar de que les dices que su humo molesta, escudándose en que están en un sitio público. ¿Quién es ahí el intolerante, el fumador o el no fumador? Porque yo no molesto si no fumo, mientras que el fumador síi me molesta si fuma. Como consecuencia de eso, llega Zapatero y aprueba una legislación prohibiendo fumar en sitios públicos. A partir de ese momento, si defiendes tu derecho, como no fumador, a que la gente no fume a tu alrededor, eres poco menos que un descendiente directo de los nazis que querían que la gente estuviera sana, blablabla, cuando la realidad es que me da igual que los demás estén o no sanos. Lo que no quiero es soportar algo a lo que ni siquiera me obliga el vivir en sociedad.
A ello se une que nunca se dice lo suficiente que la primera regla de la libertad es ser intolerante con el que es intolerante. Pero para eso primero hay que señalar a los que lo son y luchar ideológicamente contra ellos. No basta con subir a la libertad en un pedestal, adorarla y quemar incienso en su nombre, si no que es necesario contrarrestar las ideologías que persiguen tanto la desaparición de la libertad de la persona individual, como la destrucción de la sociedad libre en la que puede desarrollarse. Porque si no el intolerante acabará entrando en el templo y derribando la libertad de ese pedestal y poniendo aquello otro en lo que, para él, es obligatorio creer.
Como individuos pertenecientes a la sociedad libre, han de ser los propios miembros de esa sociedad los que se preocupen por esa amenaza. Veo que todo el mundo critica el comunismo y me parece muy bien: una ideología que causó 100 millones de muertos (y que los causa aún) lo merece. Si nos fijamos en la causa fundamental de semejante genocidio del disidente, no es otra que la utopía que se fijó como objetivo. Es decir, tergiversó la realidad para intentar lograr su propio objetivo, cualquiera que fuera el camino a emprender para ello.
Sin embargo, a diferencia del islamismo, el comunismo es una ideología europea, alimentada por la injusticia social vivida en las fábricas y política por no haber libertad de prensa durante todo el siglo XIX. Tenía el atractivo de hacer que la gente luchase por altos principios que al final resultaron ser un absoluto fracaso. El islamismo, por su parte, es una ideología medieval, recauchutada en el siglo XIX como consecuencia de los supuestos abusos colonialistas en los países árabes y especialmente en Arabia Saudí y en el retraso atávico social y político que todos ellos tenían.
Siendo ambos ideologías absolutamente utópicas (uno persigue la igualdad total de todos los seres humanos, quieran o no, el otro, la consecución del Califato Global), es curioso comprobar que mientras el comunismo todavía reúne a ilustres blogueros para escribir contra él, no hace lo mismo el islamismo, lo que nos llevaría a pensar que el comunismo es la ideología que puede triunfar en el futuro.
Es de notar que si algo va a hacer el comunismo es aliarse precisamente con el islamismo, porque ambos lo que intentan es lo mismo: someter a los seres humanos a la voluntad del partido en un caso y de Alá en otro. Pero, por una simple cuestión demográfica, a día de hoy, el comunismo no constituye un peligro en las sociedades libres (con perdón de Llamazares)** mientras que sí lo es el islamismo. El crecimiento exponencial de las comunidades islámicas, lo es gracias a los más extremistas: lo hemos visto en Turquía, donde los seculares tienen pocos hijos y están en contra de una dominación religiosa del Estado, mientras que los más extremistas tienen muchos hijos y son los que han votado en masa a Erdogan. Por si alguien no lo sabe, Erdogan dijo que la democracia es como un autobús que llevaría a un destino, pero que luego te bajas de él y que “no hay un Islam moderado, el Islam es el Islam y sólo eso“. Algo interesante teniendo en cuenta que Turquía es un país secular.
Curiosamente, ambos destruyen la sociedad libre. Pero esta sociedad se basa en algo y es ese algo lo que hay que defender. Y no sólo es en el principio de libertad, si no en la noción de sociedad, que engloba otra serie de valores como ya he dicho. Es esa sociedad en su conjunto la que es necesario defender.
De modo que la cuestión es por qué ilustres blogueros sí se unen contra el comunismo y no contra el islamismo.  He pensado mucho sobre la cuestión y me encantaría tener una respuesta lógica y coherente. En particular de las blogueras, porque si los hombres tienen mucho que perder con el islamismo, en el caso de la mujer es algo más que la libertad: se convertirán en ciudadanas de segunda categoría expuestas a la explotación sexual de una sociedad en la que lo único que parece importar es el sexo de los individuos habiéndose dicho incluso que se permite el matrimonio de niñas de 1 año siempre que lo consumen a los 9. Edad muy avanzada en ambos casos para tener conocimiento y voluntad maduras para poder casarse y mantener relaciones sexuales.
Antes entendía que era porque no se sabía lo que ocurre. Ahora ya no lo tengo tan claro. Pero con independencia de las causas que lo sustenten, la realidad es que el movimiento liberal español no está luchando contra la principal causa de restricción de libertad del futuro en Europa: el islamismo. El tiempo pasa y muchos de los que nos dedicamos a esto hemos caído repetidas veces en el pesimismo, porque tenemos la sensación de ir en un autobús a máxima velocidad aproximándonos a una pared de cemento armado y, cuando intentamos avisar, la gente de alrededor sigue mirando a otro lado o te mira con incredulidad.
Mi problema en todo esto ha sido uno: los romanos decían res ipsa loquitur, esto es, las cosas hablan por sí mismas. Para mí, los hechos hablan por sí mismos, las ideologías no. Las ideologías son meros constructos teóricos que intentan explicar la realidad a través de una serie de reglas básicas. Pero la realidad es mucho más rica que la teoría y a las ideologías siempre les faltan datos que pueden modificar la realidad pero que dentro de ellas no tienen cabida. El ser humano necesita ordenar la realidad para tener claro su posición en ella y establece reglas ideológicas, “cosas que debemos tener claras“, en suma. Como otras ideologías, el liberalismo también falla y lo hace porque no ve qué enemigos tiene, no lucha ideológicamente contra ellos y las soluciones que propone en determinados casos no son ni siquiera lógicas ni coherentes y revelan además un profundo desconocimiento de la situación.  Y es que no se puede hablar sobre las no-go zones, cuando simplemente se ha oído hablar de ellas en una charla de salón mientras se toma un té inglés y se viste ropa de marca. No, hay que haber recibido unas cuantas puñaladas por entrar a predicar tu fe de forma pacífica sin coacciones, porque es entonces cuando ves la diferencia entre un predicador mormón que se te acerca en cualquier barrio y que simplemente le dices que no estás interesada y se va con el siguiente transeúnte y aquél que se interna en un barrio musulmán y termina cosido a puñaladas en un hospital.
A todo esto se une, como ya he dicho otras veces, que esto no es una materia en la que uno pueda lucirse. Es más, no me gusta que la gente me diga “te admiro” y todo eso. Creo que desde el principio lo que he querido es mover conciencias, pero no me di cuenta de algo: la empatía que siento hacia los que lo pasan mal (y no hablo de sensiblerías, si no de realmente pasarlo mal: una persona a la que cortan la cabeza creo que lo pasa peor justificadamente que alguien que no puede ir al fútbol el fin de semana o que no ha conseguido adelgazar hasta la talla 38) no la sienten los demás. Eso no es ni mejor ni peor, simplemente es ser distinto. Siento dolor ante tanto desastre, ante tanto daño gratuito, mientras veo que lo que más interesa es la libertad de mercado, la última tontería de Zapatero o cosas por el estilo. Que no digo que esté mal ni que no haya que tratarlo, pero si estás rodeado de un dragón que escupe fuego y de un perro guardián, imagino que el primero parecería más peligroso. Y si sólo se lucha contra el segundo, puede llegar el dragón y quemarnos las posaderas mientras nosotros estábamos enfrascados en la lucha contra el segundo.
Lo increíble es que estamos en guerra. Lo ha reconocido hasta la ministra Chacón que va diciendo por ahí que han declarado la guerra “al mundo civilizado. Y es cierto. ¿Que la gente no quiere denunciarlo? Está en su libertad no hacerlo, pero eso no me impide criticar la irresponsabilidad que eso supone. Porque, como dice Aragorn en El Señor de los Anillos cuando Theoden, rey de Rohan, se niega a ir a la guerra contra Saruman porque morirá mucha gente, “War is upon you, whether you like it or not“, esto es, “la guerra te ha sido declarada, lo quieras o no“. 
La guerra no es glamurosa ni es un juego de salón ni es algo que se hace para pasar el rato. La guerra es desagradable, pero a veces es necesaria porque no queda más remedio. Pero, como dije al comentar en el post de Luis, referenciado más arriba, la sociedad ni sabe que está en guerra ni sabe qué es lo que tiene que defender. No es culpa de los políticos: éstos sólo son un reflejo de la sociedad. Zapatero y Rajoy son ejemplos del español medio actual, por más que algunos no acierten a entenderlo. Lo triste es que aquellos que predican sobre la libertad día y noche, no luchen por ella cuando llega el momento.
¿Podemos llamarlos liberales?  Desde mi punto de vista, hay dos opciones: o el liberalismo no es lo que nos han vendido o es que los que se llaman a sí mismos liberales no lo son. En ambos casos, el liberalismo como ideología tiene un problema de coherencia. Y grave. Lo malo es que no tenemos tiempo de detenernos en estas disquisiciones, porque, lo queramos o no, war is upon us.  Y esto no es una cuestión de pelotas, es simplemente una cuestión de sentido común. Pero exactamente igual que el catolicismo no determina el sentido común, ni la bondad, ni el heroísmo, etc, el liberalismo, mal que les pese a los liberales, tampoco. 
PS: El desencanto con la blogosfera liberal es sólo eso. Ni me voy a hacer de AES ni de los carlistas. Cada día que pasa voy haciéndome a la idea de que hemos perdido antes de haber empezado. Ya se sabe, there is always hope aunque a veces no se sepa quiénes van a ser nuestros elfos del abismo de Helm.  Me hubiera encantado que la realidad fuera de otra manera, pero no lo es. Y considerar que es de una manera distinta a como realmente es, no es sólo un gran error, si no que es engañarse a sí mismo sobre lo que ocurre. Lo primero es humano y perdonable. Lo segundo, no lo es, aunque sea también humano.  
* Los romanos distinguían entre la auctoritas (aquella autoridad que tiene quien demuestra una calidad moral muy superior a la media, por ejemplo, Séneca) y la potestas o imperium (o sea, la fuerza bruta que normalmente se atribuye al Estado). Sólo el primero se merece el respeto social, aunque en la mayoría de los casos eso les haya costado la vida. 
** Sí, lo sé, China es un peligro. Pero no por ser comunista (que también), si no porque exporta su modelo de libertad económica-dictadura comunista a otros países. Y porque colabora con el islamismo en desgastar a Occidente para ver si tiene la oportunidad de convertirse en super-potencia. Es curioso lo poco que dan la moña los países islámicos con las restricciones religiosas en China. 

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